Edgar Sánchez Quintana
24 de Enero de 2014
Zamora Michoacán
México.
El totem es para los ancestros canadiences, los Ojibwa, un emblema de lo que ellos son o representan, es un árbol seco tallado con distintas caras y personajes y generalmente en la parte más alta se encuentra una especie como de buho con las alas abiertas.
Uno de los guías me dió una enseñanza precisa del totem y su representación.
El totem es el árbol de vida de cada quién, significa la larga lista de encarnaciones que se han tenido y como una sobre otra se ha yuxtapuesto en una linealidad de tiempo, algunas caras del totem son sonrientes, otras son de ira otras son caras con muchos colores o como animales; no tiene importancia si una viene antes y otra después, lo importante son las alas y la travesía, cada cara es un aspecto de uno mismo, es la ancestralidad de nuestro propio ser; aunque como totem también puede apreciarse el totem de una tribu o de una comunidad y los personajes allí son los viejos guías de esa tribu que han dejado historia, pero el aspecto a considerar es que uno como totem es un libro abierto a la lectura, anclado a tierra y simiente de la comunidad a la que pertenece, se convierte en iman en cuerpo de atracción.
El totem observa desde lo alto, el horizonte inamovible, no lo persigue porque sabe que eso es ilusión, se aquieta y permanece.
Hay otra idea que puede caber muy bien en esta reflexión sobre los puntos atracción visión, el totem si cerrara sus ojos vería un laberinto de visiones y acciones inacabables e inabarcables, el tercer ojo en cierto modo trampea con la ilusión, nos somete a su embriaguez, de algún modo el tercer ojo es un cuchillo de doble filo que si no controlamos las riendas, nos seduce y controla.
El totem como un gran buda simplemente es y permanece en el ser, mientras más alto el totem más alejado del suelo y más cerca de las nubes y más alcance en el horizonte; si hay algo en el totem es su propia quietud, su silencio y la innumerable interpretación de sus simbolos en los multiples seres y conciencias que le observan.
El totem no es una pieza de museo que aunque ha pasado por sí las historias y el tiempo aún así permanece dentro de la intemporalidad del ser dibujando en figuras los aspectos del ser y como transcurre la vida; en ciertas enseñanzas los guías mostraban un tapíz inconcluso como un rompecabezas de figuras y colores, como algunos tapices de las culturas incaicas, donde esbozan muñecos y caras y colores y cintillas en infinidad de formas representando ese totem en forma de lienzo, todos distintos y coloridos.
Para esto es lo mismo, es la representación del sendero de vida del alma y su transición dentro de la dualidad. el totem equipara a un estandarte que se exhibe como una constitución de un país.
Totem es una totalidad abarcante, el totem se aquilata y acrecienta desde su simiente, el totem al final de cuentas se baña con los colores de la creación y permanece ajeno a la historia, como las figuras gigantes de la isla de pascua.
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