Edgar Sànchez Quintana
29 de Junio de 2011
Tlaxcala Tlax.
Acaqueños (custodios del templo de la Madre Divina) se les llamaba a la vieja poblaciòn que habitaba lo que ahora es Acapulco.
Fue una pareja de Galácticos venida de pleyades quienes inculcaron en los pobladores el amor y la armonía en sus semejantes; fue en los tiempos en que edificamos en nuestro interior el miedo a la muerte por medio de los accidentes, cuando empezamos a envejecer.
Los pobladores en aquellos tiempos veneraban a Madre Divina (muy parecida a la que veneran en la población de Juquila) y le ponían altares y una jovencita era su representante y la niña jovencita se sentaba en un precioso altar de flores frente a una flor hecha de piedra con símbolos raros pero con flores encima; toda la población era amorosa y cordial entre ellos, y venían visitantes de otros lados a visitar el templo sagrado de Madre Divina.
Este se encontraba o se encuentra en las grutas del cerro más alto y cuya entrada está custodiada por ninfas y no puede entrar aquel que tiene el corazón manchado, para entrar se tenía que meter al mar y busear bajo el agua y los seres subacuáticos lo llevan a uno al templo.
Los seres Galácticos que enseñaron a los pobladores el amor al prójimo y tantisimas otras cosas eran altos de cabello como de plata, con cabeza y razgos muy distintos y movimientos muy suaves; en el sueño veo a un sólo ser pues el otro ya había muerto, la que quedaba era un ser que platicaba en un dialecto extraño sólo con los señores más venerables y longevos de la población.
En aquellos tiempos ya empezaba la violencia a desequilibrarse la rueda Karmica que ahora está por dar las últimas vueltas, esto fue debido a la implantación en la malla electromagnética de la tierra el aspecto annunaki en el ADN humano, fue la tercera caída en densidad durante la época Atlántida.
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