Un profundo ensayo filosófico sobre el simbolismo de la cuarentena, el "no tiempo", la suspensión de la modernidad y el encierro del ser social.
Tanto para aclarar como para entender, hago esta reflexión sobre un tema por demás actual y apropiado. Lo hago con el fin de poner a disposición del pensamiento los distintos conceptos encadenados que hoy se embrollan en la vida del ser humano en la Tierra. Mi propósito es poner en evidencia aquellas cosas que tal vez no son claras, sino que han sido asimiladas, forzadas o puestas frente a nosotros sin indagar su porqué ni su finalidad última.
Todo parte, si lo tratamos de manera filosófica y luego sociológica, del Ser. Es el Ser lo que nos ocupa y lo que queremos desentrañar en este camino. De allí que abordemos al Ser desde su existencia, pues de lo que se trata es de explicar lo que nos atañe: la elucubración del concepto de cuarentena, para lo cual necesitamos un sujeto y una ubicación. Cuando hablamos del Ser como existencia, le otorgamos características propias e inherentes. Me refiero a que la existencia contiene en sí mismo el elemento de la vida, y como aquello que tiene vida, a lo humano.
El Humano como Ser Social y el Espacio-Tiempo
La característica fundamental del Ser humano posee una propiedad que no es circunstancial, sino intrínseca, al igual que la conciencia, el raciocinio o el lenguaje: me refiero a lo social. El ser humano es, en su esencia misma, un ser social.
Dejando de lado lo político o ideológico para no confundirnos, ahora podemos adentrarnos en la "cuarentena". Y pongo comilas para abrir bien los ojos y no perdernos en la superficie del término. Hablamos de espacio y tiempo, de eso se trata en su raíz este concepto. Pero no de cualquier espacio-tiempo, sino de uno que está contenido sobre sí mismo y que viola, de cierta manera, su propia entidad y ser. Esta afirmación es el pilar de esta reflexión.
El concepto de "cuarentena" puede relacionarse mentalmente con un aspecto religioso o de salud, pero eso es solo el resultado de la acción del Ser. En principio, la idea nos arroja a un espacio cerrado. Desde las leyes de la termodinámica entendemos que todo espacio cerrado, a la larga, se vicia y se corrompe; los fluidos terminan perdiendo movilidad, fuerza y dinamismo.
El "No Tiempo" y la Suspensión de la Modernidad
Ahora bien, vayamos al asunto del tiempo. La "cuarentena" da al traste con el concepto de "modernidad", y más aún con la intentona risible de la posmodernidad, que no era otra cosa que un instinto de respiración asistida. La modernidad se acaba cuando a los hombres se les acaban las ideas.
El continuo de tiempos presentes y actuales, regenerándose una y otra vez, queda suspendido. La modernidad queda atrapada en un limbo que no conocía; es un tiempo sin tiempo, un asfixiamiento de su propio ser. La modernidad no puede modernizarse sin el elemento del cambio continuo, y en una cuarentena no hay cambio: su tiempo es estático, inamovible, y esa es su muerte.
La Casa como Refugio, no como Prisión
La "cuarentena" en la casa no es otra cosa que el uróboros, la serpiente mordiéndose y devorando su propia cola. Y explícito por qué: la cuarentena es una entidad ubicada, es el elemento de sitio enmarcado en la casa. Quienes se someten a ella son las personas; no es la casa en sí la que se pone en cuarentena. Por tanto, la casa se convierte en un elemento de disociación, un pretexto o un enmarcamiento.
Las casas son lugares de llegada y de salida. Son construcciones que, dentro de la sociedad, cumplen con el objetivo de dar cobijo y refugio; nunca fueron concebidas como un elemento carcelario o represivo. Al cerrarse herméticamente, la serpiente se devora a sí misma, puesto que la casa existe en relación con su entorno. No puede convertirse en un cajón donde nada sale y nada entra. Quien está dentro de esa casa es el núcleo de la sociedad, la familia. Por tanto, la simiente que ha sido aislada y puesta a prueba es la misma familia.
La Legitimidad de la Sociedad y la Disyuntiva del Cambio
Toda "cuarentena" tiene su finitud; es devorada por su propio tiempo acortado. No tiene marcha atrás, aunque algunos dicen que "se ha alargado". Las cuarentenas infinitas no existen. El encerramiento o enclaustramiento, sea por la razón que fuere, choca forzosamente con la idea inalienable de libertad.
El ambiente social emancipado, tal como se le conoció, ha quedado recluido a una idea nuclear (la familia) o bien a un ámbito técnico, como lo son los fríos e insensibles medios de comunicación. Toda institución social ha quedado a la deriva, como un esqueleto sin carne. Ahora surge el problema de la legitimidad: cada entidad inmersa en la sociedad, cada institución, tendrá que revalidar su valor y legitimarse para seguir operando, extinguir, o bien buscar nuevas formas de convivir.
Si alguien quisiera salir al rescate de lo que era la sociedad antes del 2020, tendría que viajar al pasado para recuperar lo perdido. Pero pensemos con honestidad: ¿Cuáles eran los valores de la sociedad que florecían en ese momento? ¿Acaso no era un callejón sin salida dominado por la lucha de poder, el individualismo, el egocentrismo más brutal y la soberbia?
La "cuarentena" trajo consigo un "no tiempo", un espacio vacío que puede utilizarse en dos sentidos: uno es para destruir lo que estaba en construcción, y el otro es para vislumbrar una disyuntiva de cambio, una oportunidad real para construir algo social y espiritualmente distinto.
¿Cómo transformó este "no tiempo" tu propia visión de la vida?
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